VÍVERE
Por Nicolás Nocino – 29/11/2018
Me entero mucho tiempo después de finalizar mi formación
académica en nutrición, del significado real de la palabra vívere, de su más
amplio sentido.
El alimento, o vívere, es sencillamente la sustancia que da vida. Parece cosa obvia, de carácter superficial, pero no. Del
latín viene, y se le atribuye a la “provisión de alimentos para sobrevivir”,
pero vivire significa en su
etimología “tener vida” (!).
Y es muy distinto tener vida o dar vida, que sobrevivir o permitir la
supervivencia.
Uno puede sobrevivir comiendo alimentos que sólo aporten su
masa, inerte materia…


…sin obtener el más
mínimo gramo de vida de este.
Durante un congreso internacional de Nutrición Ayurveda, en
Rosario, un gran exponente de Brasil, nos contaba que en su tierra, (como
también escuché por el norte Argentina y Paraguay) a los fallecidos se les dice
“finados”. A los muertos. Y lo gracioso que explicaba, en relación al nutrir,
era que un alimento finado era un alimento muerto, sin vida. Pero peor
aún, uno refinado, era doblemente
muerto!
Imaginemos lo siguiente:
EJEMPLO 1: Una semilla
transgénica de maíz, modificada genéticamente, bien regada con herbicidas y
pesticidas, que fue cosechada con máquinas y procesada en una industria
estéril, hervida y luego ultracongelada durante varios meses dentro de un
envase de plástico con atmósfera modificada.
EJEMPLO 2: una semilla orgánica
que siembra el agricultor con sus manos, en su tierra compostada, la riega y
cuida de insectos y malezas, la cosecha y la sirve en su mesa familiar.



Pregunta,
¿Cuál de los dos es más completo nutricionalmente? si lo
analizamos desde la óptica posmoderna en composición química que sólo ven
carbohidratos, proteínas, lípidos, vitaminas-minerales, agua y pocas variables
más, muy poca diferencia entre los dos.
¿Cuál de los dos maíces tiene
más vida, tiene mejor aura, vibra energéticamente más alto? ¿Cuál nos
mantiene en salud y cuál nos dirige al desequilibrio y la enfermedad? El que
nos llena de vida y no sólo de materia: ese, el verdadero vívere es fácil de reconocer, aunque la industria y la publicidad
se esfuercen por convencernos de lo contrario.
Es también fácil de distinguir el refinado (dos veces
muerto) del vivo.
Y podemos usar cientos de ejemplos. Basta con visitar una
huerta orgánica y sentir la vida en forma de sustancia alimenticia, en armonía
con su tierra sana y su cielo, y recorrer una supermercado en la sección de
conservadoras de ultracongelados, con sus medallones de “espinaca”, tan vacíos
de espíritu como atractivos a la vista de los más ingenuos.
Realmente existen muchos padres que creen
que están alimentando bien a sus hijos,
porque comen verduras.
Y a esas verduras ni los nutrientes ni su
vida…
ni su color original, ni el sabor, ni su
textura…
todo se le fue añadido con los “antes”:
colorantes, aromatizantes, saborizantes,
acidulantes,
artificiales antioxidantes, edulcorantes,
estabilizantes,
espesantes, etc, etc, etc…
(Y como si fuera poco,
lo meten en sus envases plásticos al microondas,
porque es más práctico!)


Y me repregunto, ¿Qué
estamos comiendo?
´ “No
sabemos qué comemos. Nuestros alimentos se han convertido en OCNIS (objetos
comestibles no identificados)”, asegura la antropóloga Patricia Aguirre.
Deterioramos el
planeta malproduciendo los alimentos, dañamos ecosistemas, alteramos sus
ciclos, eliminamos la biodiversidad, atentamos contra la vida en todas sus
formas, y luego los incorporamos a nuestro organismo, pretendiendo que nos
mantengan sanos (o al menos llenos por unas horas, ya que de la salud se van a ocupar
los médicos de mi obra social)
Cada vez confirmo más esa
frase de …
que reza “Estamos siendo
alimentados por la industria de la alimentación que no le pone atención a la
salud, y luego curados por la industria de la salud, que no le pone interés a la
alimentación”

Patricia Aguirre nuevamente, apuntando a la incoherencia que
se produce cuando llenamos de sustancias industriales desconocidas un cuerpo
acostumbrado a lo natural durante miles o millones de años.
Reflexión sobre la
normativa de los empaquetados y leyes del rotulado nutricional
![]()
Si
en el envase se incluyesen otras informaciones, como los litros de pesticidas
utilizados, la huella de carbono (cantidad de dióxido de carbono que se liberó
al ambiente por uso de combustibles fósiles para producir un kilo de ese
alimento), herbicidas, hormonas para animales, cantidad de sufrimiento producido
-vayas utopías-,
este “alimento” contendría:
ü
960
horas de sufrimiento animal (250% V.D*.)
ü
5,32
litros de gasoil (83% V.D.)
ü
150 ml
de herbicidas (120% V.D)
ü
100 ml
de pesticidas (100% V.D.)
ü
5 grs
de hormonas de crecimiento (85% V.D.)
ü
50 ml
de antibióticos (220% V.D)
ü
0.1 mg
de vida (1% V.D)
*V.D: Valor diario
recomendado
No hay comentarios:
Publicar un comentario