Por Nicolás Nocino | Octubre de 2018 | Alimentación y Nutrición
El pensamiento es energético, y el alimento también.
No estamos hablando de la energía cuantificada en
kilocalorías.
Nos referimos a una forma más sutil de energía,
pero no por eso menos válida.
Al menos dos grandes sistemas completos y holísticos de
salud (del gr. hólos: totalidad, o
por entero)
como lo son la Medicina Tradicional China, y la Ayurveda
de la India,
de 3000 y 5000 años de evolución cada una de ellas,
integran globalmente al humano con todo lo que lo rodea.
Y no dejan fuera nada:
desde el aire que respiramos, las relaciones y vínculos
humanos,
los elementos primarios de la naturaleza (éter, aire,
fuego, agua, metal, tierra),
los astros y su cuestionada influencia energética,
los ciclos de la naturaleza y estaciones, ciclos de la
tierra y de la luna, entre otros.
Entendieron mucho antes que nuestra medicina occidental
que estamos hechos de materia y energía,
y que vibramos de una determinada forma en salud y en
enfermedad,
y más profundo aún: cada canal energético del cuerpo
puede vibrar en una frecuencia distinta
según qué órganos estén afectados, o emociones
conflictuadas tenga la persona,
o según qué alimentos y sabores ingiera.
Entendieron que el alimento alimenta no solo la carne, la
materia,
sino también nuestras energías más sutiles (eso que no se
ve pero existe):
aura, espíritu, mente, pensamientos, sentimientos
emociones…
Desde ahí surge esta invitación,
a comenzar juntos este recorrido al ser plenamente conscientes
del poder de una adecuada nutrición:
de ese alimento como fabricante de tu materia y más aún, de tu energía.
De esa energía que tiene el potencial para sanar
y vibrando en las más altas frecuencias del amor
que a este mundo tanto le está faltando.
y no estaremos fuertes ni sanos para ser ese cambio que queremos ver en el mundo.
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