viernes, 2 de septiembre de 2022

Sobre lo viciado, el hacer, y el Wu Wei

 

Sobre lo viciado, el hacer, y el Wu Wei

Por Nico Nocino, diciembre de 2018

Pje. Las Hacheras, El Impenetrable, Chaco

 

 

LO VICIADO

No en el sentido del vicio en sí,

la sustancia o eso que genera el vicio, sino en el efecto.

Parece como viciada la cosa.

Viciado el pasado, el presente, y sin duda el futuro

si nada cambia ahora.

 

No dejan de darme vuelta las preguntas de qué hago acá, o qué hacemos acá. Cuál es la función de La Higuera, cuál debería ser según las necesidades reales de la población.

Y también qué quiere la población, qué necesita o tiene ganas de que suceda, que cambie.

Las respuestas van de lo más variado. Suelen responder desde lo más urgente (“pañales” o “leche” o “que me hagan la vivienda”) hasta los más visionarios: “acá hace falta trabajo, que los jóvenes tengan un proyecto de vida, oportunidades para quedarse y producir en el campo, que sabe dar mucho”.

 

Encuentro a lo viciado en formas de apatía, desgano. Falta de proyección, de sueños de jóvenes. Verdadera apatía y desinterés por el mañana. Parasitismo familiar y social. Dependencia severa a un estado pseudoprotector, paternalista, incapacitante, alienante, que ningún favor les hace depositándole los “sueldos” (como así acá le llaman a las pensiones No contributivas, planes sociales y asignaciones universales por hijo) todos los meses en su cuenta.

 

Hay casos y familias donde este tipo de ayuda son sin dudas necesarias. Pero son casos particulares, por determinadas situaciones y por tiempos determinados, a mi parecer.

Sostenidas en el tiempo sólo quitan a las personas el empoderamiento de su capacidad para desarrollarse como personas, tanto desde su trabajo, como de todo lo demás.

Se crean así sujetos sociales sin fuego interior, porque ya le dieron la comida cocinada.

 

Percibo este momento como un necesario detenerse a ver, a pensar y sentir. Evaluar el proyecto. La acción y la no acción.

EL HACER

 

Si hay dos palabras que definieron a La Higuera desde un comienzo a este tiempo, fueron los verbos hacer y estar.

El hacer lo entiendo ahora, implica dos procesos continuos y complementarios: el movimiento y la quietud. El hacer y el no hacer. El actuar y el parar para evaluar y reflexionar: para volver a actuar mejor, más enfocado y direccionado.

 

Según la dialéctica de Hegel, sólo se mejora una situación reaccionando ante ella y forzando una nueva realidad, cueste lo que cueste.

“Metafóricamente, se podría decir que la identidad es la determinación de lo simple inmediato y estático, mientras que la contradicción es la raíz de todo movimiento y vitalidad, el principio de todo auto movimiento y solamente aquello que encierra una contradicción se mueve”

 

Parece necesario así seguir generando continuas contradicciones en toda la lógica del vivir en El Impenetrable.

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Pero me pregunto si estamos haciendo lo que el contexto social está necesitando, o vamos haciendo según lo que necesitamos nosotros.

Promovemos un cambio en Salud, en Educación, en organización comunitaria, en Nutrición y soberanía alimentaria desde la autoproducción y comercialización de productos elaborados, entre tantas otras cosas…

Pero ese cambio… ¿nace de una necesidad nuestra o de la comunidad?

 

Y es un punto clave para analizar si queremos evitar frustraciones y malgasto de energías y recursos.

 

Aunque también y por otro lado, ya sea por acceso a estudio superior, o por criterio y ‘sentido común’, uno que viaja a estas zonas afectadas, posee la capacidad teórica y técnica para predecir ciertos efectos en determinadas áreas.

Por ejemplo, un pediatra conoce los efectos sobre el desarrollo de un niño si recibió lactancia materna, cariño, recibió las vacunas, se le realizaron los controles correspondientes pre y perinatales, etc…

Un odontólogo, sobre los efectos del cuidado bucal, cepillado, control periódico, alimentación cariogénica, etc…

Un infectólogo sobre los efectos de todas las enfermedades infectocontagiosas, control de vectores, etc… un nutricionista, sobre los efectos de la malnutrición por carencias o excesos diarios, etc…

 

Aun así, digo… ¿alcanza con alertar a la población sobre esos efectos para promover su salud? ¿Alcanza con la mera asistencia tecno-médica cuando acuden a consulta por un desequilibrio en su organismo ya manifestado?

¿Alcanza con difundir las buenas prácticas de alimentación para un niño, una embarazada o un obeso? Es decir, ¿la gente quiere recibir eso? ¿Necesita recibir eso, es lo que estaba esperando?

Seguramente no era el emergente social, no es lo que estaban “pidiendo”. La cultura asistencialista no tiene como actores únicos el médico hegemónico. También el “paciente hegemónico”, que se ocupa de su salud cuando ya la perdió, es decir, se ocupa de su enfermedad.

 

Ese es el paciente que prefiere el Omeprazol antes que dejar de comer frituras y gaseosas a diario. O el Enalapril antes de dejar de inyectarse sodio en sus venas en cada plato de guiso hipertensivo. O la Metformina cuando ya su páncreas dijo: basta! no produzco más insulina. O que cuando sube a la balanza y se sorprende de haber pasado los 110 kg a sus 30 años ya cree que no hay nada para hacer ahora y se tira al abandono, condenándose por el resto de su vida a un cóctel de pastillas diarias para cada problema derivado.

También el cambio necesario, en esa forma de concebir el proceso dinámico de salud-enfermedad, va a llevar su tiempo.

 

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EL WU WEI

Del otro lado del mundo estuvo la sabiduría china que, siempre aportante, tiene un concepto fundamental en la doctrina taoísta. Le llaman el Wu Wei.

El Wu wei es un concepto del taoísmo que se traduce en ‘no acción’. Se trata de un principio en el que se señala que la mejor manera de enfrentar una situación, especialmente si es conflictiva, es no actuar. Y más que no actuar, no forzar ninguna solución, sino dejar que fluya.

 

Dijo Chuang Tzu “Del vacío del sabio surge la quietud. De la quietud, la acción. De la acción, el logro”.

 

El Wu wei propone una vida sencilla porque es la que más se traduce en paz y armonía.

Esa sencillez implica no apegarnos demasiado a las ambiciones y deseos,

ya que son las principales fuentes de intranquilidad y sufrimiento,

más que de realización.

 

El Wu wei también nos llama la atención sobre el hecho de que la principal fuente de problemas son los excesos. Contrario a lo que muchos piensan, no son las carencias, sino los excesos los que nos llevan a sentir mayor malestar.

El taoísmo compara el “wu wei”, o “no acción”,

con la naturaleza pasiva y a la vez perseverante del agua de un río.

El agua es, en apariencia, débil y delicada,

pero su fuerza erosiona poco a poco la roca más sólida.

 

Para los partidarios de la esta ideología, un estado injusto de las cosas no puede superarse con un movimiento de reacción que fuerce la realidad e imponga un nuevo tipo de desequilibrio, que perjudique a los que antes eran beneficiados y beneficie a los antes perjudicados.

O sea, que no serviría de mucho intentar actuar desde lo reactivo, desde forzando lo negativo a cambiar, ya que produciría otro desequilibrio. Deberíamos fluir con el curso de los acontecimientos naturales y sociales de la región.

 

“Pero la “no acción” tiene un problema fundamental: es imposible aplicar el concepto a corto plazo, ni se puede imponer a quienes no comprendan sus principios, ya que confundirían “no acción” con no hacer nada.

Y el “wu wei” no equivale a inmovilismo, sino a búsqueda de la virtud propia (clarividencia, felicidad, bienestar, como queramos llamarlo). Nuestro comportamiento es lo primero que está en nuestras manos cambiar, para después proyectarlo y contribuir a un cambio más profundo.

El cambio no exaltado, a fuego lento, no ha sido diseñado para la era de la interrupción constante, la apelación de los impulsos y la dialéctica de la gratificación instantánea.”

 

Lao-Tsé, fundador del taoísmo y autor del Tao Te Ching, comparaba esta actitud de “wu wei”, deliberada y ajena a los comportamientos pasivos y vegetativos, con el arte de cocinar. Para Lao-Tsé, gobernar un gran país no era tan distinto de cocinar un pescado: si usamos demasiado fuego, lo que podría ser un manjar se arruina.

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Y en eso estamos, intentando regular el fuego necesario para iniciar procesos de transformación social, pero sin apresurarlo para no quemar todo. Porque a la vez estamos aprendiendo que lo primero que se quema, además de no llegar al efecto deseado, somos nosotros mismos.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tomé algo de:

https://faircompanies.com/articles/wu-wei-no-accion-como-metodo-para-mejorar-la-realidad/

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