Sobre lo
viciado, el hacer, y el Wu Wei
Por Nico Nocino, diciembre de 2018
Pje. Las Hacheras, El Impenetrable, Chaco
LO VICIADO
No en el sentido del vicio en sí,
la sustancia o eso que genera el
vicio, sino en el efecto.
Parece como viciada la cosa.
Viciado el pasado, el presente, y
sin duda el futuro
si nada cambia ahora.
No dejan de darme vuelta las
preguntas de qué hago acá, o qué hacemos acá. Cuál es la función de La Higuera,
cuál debería ser según las necesidades reales de la población.
Y también qué quiere la población,
qué necesita o tiene ganas de que suceda, que cambie.
Las respuestas van de lo más
variado. Suelen responder desde lo más urgente (“pañales” o “leche” o “que me
hagan la vivienda”) hasta los más visionarios: “acá hace falta trabajo, que los
jóvenes tengan un proyecto de vida, oportunidades para quedarse y producir en
el campo, que sabe dar mucho”.
Encuentro a lo viciado en formas de apatía,
desgano. Falta de proyección, de sueños de jóvenes. Verdadera apatía y
desinterés por el mañana. Parasitismo familiar y social. Dependencia severa a
un estado pseudoprotector, paternalista, incapacitante, alienante, que ningún
favor les hace depositándole los “sueldos” (como así acá le llaman a las
pensiones No contributivas, planes sociales y asignaciones universales por
hijo) todos los meses en su cuenta.
Hay casos y familias donde este
tipo de ayuda son sin dudas necesarias. Pero son casos particulares, por
determinadas situaciones y por tiempos determinados, a mi parecer.
Sostenidas en el tiempo sólo quitan
a las personas el empoderamiento de su capacidad para desarrollarse como personas,
tanto desde su trabajo, como de todo lo demás.
Se crean
así sujetos sociales sin fuego interior, porque ya le dieron la comida
cocinada.
Percibo este momento como un necesario detenerse a ver, a
pensar y sentir. Evaluar el proyecto. La acción y la no acción.
EL HACER
Si hay dos palabras que definieron
a La Higuera desde un comienzo a este tiempo, fueron los verbos hacer y estar.
El hacer lo entiendo ahora, implica
dos procesos continuos y complementarios: el movimiento y la quietud. El hacer
y el no hacer. El actuar y el parar para evaluar y reflexionar: para volver a
actuar mejor, más enfocado y direccionado.
Según la dialéctica de Hegel, sólo
se mejora una situación reaccionando ante ella y forzando una nueva realidad,
cueste lo que cueste.
“Metafóricamente, se podría decir que la identidad es la determinación de
lo simple inmediato y estático, mientras que
la contradicción es la raíz de todo movimiento y vitalidad, el principio de
todo auto movimiento y solamente aquello
que encierra una contradicción se mueve”
Parece necesario así seguir
generando continuas contradicciones en toda la lógica del vivir en El
Impenetrable.
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Pero me pregunto si estamos
haciendo lo que el contexto social está necesitando, o vamos haciendo según lo
que necesitamos nosotros.
Promovemos un cambio en Salud, en
Educación, en organización comunitaria, en Nutrición y soberanía alimentaria
desde la autoproducción y comercialización de productos elaborados, entre
tantas otras cosas…
Pero ese cambio… ¿nace de una necesidad
nuestra o de la comunidad?
Y es un punto clave para analizar
si queremos evitar frustraciones y malgasto de energías y recursos.
Aunque también y por otro lado, ya
sea por acceso a estudio superior, o por criterio y ‘sentido común’, uno que
viaja a estas zonas afectadas, posee la capacidad teórica y técnica para predecir ciertos efectos en determinadas
áreas.
Por ejemplo, un
pediatra conoce los efectos sobre el desarrollo de un niño si recibió lactancia
materna, cariño, recibió las vacunas, se le realizaron los controles
correspondientes pre y perinatales, etc…
Un odontólogo,
sobre los efectos del cuidado bucal, cepillado, control periódico, alimentación
cariogénica, etc…
Un infectólogo
sobre los efectos de todas las enfermedades infectocontagiosas, control de
vectores, etc… un nutricionista, sobre los efectos de la malnutrición por
carencias o excesos diarios, etc…
Aun así, digo… ¿alcanza con alertar
a la población sobre esos efectos para promover su salud? ¿Alcanza con la mera
asistencia tecno-médica cuando acuden a consulta por un desequilibrio en su
organismo ya manifestado?
¿Alcanza con difundir las buenas
prácticas de alimentación para un niño, una embarazada o un obeso? Es decir,
¿la gente quiere recibir eso? ¿Necesita recibir eso, es lo que estaba
esperando?
Seguramente no era el emergente
social, no es lo que estaban “pidiendo”. La cultura asistencialista no tiene
como actores únicos el médico hegemónico. También el “paciente hegemónico”, que
se ocupa de su salud cuando ya la perdió, es decir, se ocupa de su enfermedad.
Ese es el paciente que prefiere el
Omeprazol antes que dejar de comer frituras y gaseosas a diario. O el Enalapril
antes de dejar de inyectarse sodio en sus venas en cada plato de guiso
hipertensivo. O la Metformina cuando ya su páncreas dijo: basta! no produzco más insulina. O que cuando sube a la balanza y
se sorprende de haber pasado los 110 kg a sus 30 años ya cree que no hay nada
para hacer ahora y se tira al abandono, condenándose por el resto de su vida a
un cóctel de pastillas diarias para cada problema derivado.
También el cambio necesario, en esa
forma de concebir el proceso dinámico de salud-enfermedad, va a llevar su
tiempo.
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EL WU WEI
Del otro lado del mundo estuvo la
sabiduría china que, siempre aportante, tiene un concepto fundamental en la
doctrina taoísta. Le llaman el Wu Wei.
El Wu wei es un concepto del taoísmo que se
traduce en ‘no acción’. Se trata de un principio en el que se señala que
la mejor manera de enfrentar una situación, especialmente si es conflictiva, es
no actuar. Y más que no actuar, no forzar ninguna solución, sino dejar que
fluya.
Dijo Chuang Tzu “Del vacío del sabio surge la quietud. De la
quietud, la acción. De la acción, el logro”.
El Wu wei propone una vida sencilla porque es la que más se
traduce en paz y armonía.
Esa sencillez implica no apegarnos demasiado a las ambiciones
y deseos,
ya que son las principales fuentes de intranquilidad y
sufrimiento,
más que de realización.
El Wu wei también nos llama la atención sobre
el hecho de que la principal fuente de problemas son los excesos. Contrario a
lo que muchos piensan, no son las carencias, sino los excesos los que nos
llevan a sentir mayor malestar.
El taoísmo compara el “wu wei”, o “no acción”,
con la naturaleza pasiva y a la vez perseverante del agua de
un río.
El agua es, en apariencia, débil y delicada,
pero su fuerza erosiona poco a poco la roca más sólida.
Para los partidarios de la esta ideología, un estado injusto de las cosas no puede
superarse con un movimiento de reacción que fuerce la realidad e imponga un
nuevo tipo de desequilibrio, que perjudique a los que antes eran
beneficiados y beneficie a los antes perjudicados.
O sea, que no serviría de mucho intentar actuar desde lo
reactivo, desde forzando lo negativo a cambiar, ya que produciría otro
desequilibrio. Deberíamos fluir con el curso de los acontecimientos naturales y
sociales de la región.
“Pero la “no acción” tiene un
problema fundamental: es imposible aplicar el concepto a corto plazo, ni se
puede imponer a quienes no comprendan sus principios, ya que confundirían “no
acción” con no hacer nada.
Y el “wu wei” no equivale a inmovilismo, sino a búsqueda de la virtud
propia (clarividencia, felicidad, bienestar, como queramos llamarlo).
Nuestro comportamiento es lo primero que está en nuestras manos cambiar, para
después proyectarlo y contribuir a un cambio más profundo.
El cambio no exaltado, a fuego lento,
no ha sido diseñado para la era de la interrupción constante, la apelación de los impulsos y la dialéctica de la gratificación
instantánea.”
Lao-Tsé, fundador del taoísmo y autor del Tao Te Ching,
comparaba esta actitud de “wu wei”, deliberada y ajena a los comportamientos
pasivos y vegetativos, con el arte de cocinar. Para Lao-Tsé, gobernar un gran país no era tan distinto
de cocinar un pescado: si usamos demasiado fuego, lo que podría ser un manjar
se arruina.
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Y en eso estamos, intentando regular el fuego necesario para
iniciar procesos de transformación social, pero sin apresurarlo para no quemar
todo. Porque a la vez estamos aprendiendo que lo primero que se quema, además
de no llegar al efecto deseado, somos nosotros mismos.
Tomé algo de:
https://faircompanies.com/articles/wu-wei-no-accion-como-metodo-para-mejorar-la-realidad/
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