martes, 7 de noviembre de 2023

Asociación Civil La Higuera – Memorias 001

 

El 8 de septiembre de 2023 me preguntan en una reunión de la Comisión Directiva (CD) de la Asociación Civil La Higuera si podía pasar a ser el presidente, ya que, por diversos motivos, el presidente actual y la vice iban a renunciar a sus cargos.

 

Tal propuesta o solicitud me llenó en principio de miedo e incertidumbre y a la vez alegría y honra. Muchas emociones a muy alta intensidad mezcladas. Las primeras, tenían que ver en lo profundo con mis competencias para tal cargo, o capacidades personales, o tiempos disponibles (ya que entre el poliempleo y mi hija de 1 año y 4 meses me encontraba bastante ocupado), o incluso en cierta desactualización de los programas y proyectos actuales de La Higuera en territorio.

Si bien seguía perteneciendo a la CD y participando de sus reuniones periódicas, había actividades de las que no estaba tan empapado. O no lo suficientemente como para este salto de responsabilidad propuesto. Incluso hubo en un periodo participantes y voluntarios/as que no llegué siquiera a conocer.

Luego de mi último viaje en mayo de 2020, vuelto en plena pandemia y aislamiento social y preventivo, mi ritmo de viajes mensuales se detuvo drásticamente y mi participación tan activa que mantenía hacía varios años en la Asociación fue mermando. Debí buscarme nuevos trabajos en Rosario que me acotaron las vacaciones y posibilidades de viajar tan seguido; luego con mi pareja tuvimos a Vera que vino a revolucionarnos el mundo de amor como muchos habrán experimentado (y de demanda temporal-física-psicológica-económica…etc), de forma simultánea comenzamos la construcción de nuestra casa, obra que nos llevó casi 2 años y recién ahora podemos decir que nos acomodamos.

Las segundas emociones, alegría y honra, tienen que ver con que hace 10 años atrás cuando conocí al Galu (Gustavo Farrugia, miembro fundador) y a La Higuera, una profunda admiración me envolvió y supe que era un lugar de servicio maravilloso al que quería servir, entregarme y pertenecer. Como persona y como futuro profesional. Cada una de sus aristas me parecían de otro planeta. Como el Galu mismo, un ser extraordinario.

Hay gente que nunca le pasó nada que le haya cambiado la vida.

No es mi caso: las realidades que vi en el Impenetrable Chaqueño en mi primer viaje me cambiaron para siempre; y me comprometieron como persona y como profesional. Era septiembre de 2015, y viajaba como Lic. en Nutrición recién recibido, y estudiante del “Curso anual de Pediatría Rural, Social y Comunitaria” que La Higuera brindaba con la Univ. Nacional de Rosario.

Si bien creía haber adquirido alguna herramienta para intentar ayudar en algo a alguien, me di cuenta pronto de que no. Lo profundo y complejo de la trama sociocultural que subyacía y se evidenciaba en la falta de acceso a la salud, en la falta de agua de consumo humano, o en la inseguridad alimentaria me indicaban que no era posible actuar solo, ni con simples soluciones aisladas como meros parches asistenciales insignificantes en semejante miseria y desidia estatal.

La salud, la conciencia social y ambiental, el amor al otro y el servicio al otro, la entrega desmedida, la ciencia y medicina social, rural y comunitaria, lo artístico y místico-musical, la educación y formaciones que se brindaban, el compañerismo, la visión integral de las problemáticas en el Impenetrable Chaqueño junto a la alegría del hacer. Tanta gente hermosa (pero hermosa en serio) poniendo lo más noble de su corazón, no podían engendrar algo sino hermoso en medio del barro.

Es que en retrospectiva a La Higuera la veo así: un lugar donde una sucesión de gente hermosa fue haciendo cosas hermosas con el corazón. Mucha cabeza también, por supuesto: visión estratégica, planificaciones, alianzas y convenios, estructuras generadas y sostenidas, inversiones, capacitaciones internas, y demás elementos de una institución seria que se sostiene hace 20 años y tanta gente, empresas y organizaciones confían…- pero el que pasó por La Higuera, sabe de esa magia que la distingue: sabe que hay corazón.

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